PARLEMOS /Artículo de Opinión

“La nueva normalidad”.

Por Luis Sancho

En una semana considerada “pico”, difícil para todos porque la cifra de contagiados se incrementa de manera preocupante, mientras los hospitales y servicios funerarios informan que están saturados. El número de fallecimientos por el contagio rebasan los 5 mil casos. Es difícil escribirlo, sin sentir un escalofrío porque el virus no respeta géneros, edades, clases sociales, ideologías. Lo peor es leer las crónicas de familiares que no tuvieron oportunidad de acompañar, en esos momentos, con un digno adiós a los enfermos fatales. Con el sentimiento y duelo, ahora sí que en terrible soledad.

En ese contexto y desde Palacio Nacional, a mitad de la semana pasada, los mexicanos fuimos informados sobre lo que se ha denominado “la nueva normalidad”, a raíz de la epidemia del Covid-19, la cual, por cierto, tiene en jaque a las instituciones de salud y con temor a millones de personas. El Presidente de la República presentó este plan para la reapertura de actividades sociales, educativas y económicas. Más allá de la lista de actividades esenciales (ligadas al interés comercial de nuestro vecino del norte y por presiones del recién aprobado Tratado de Libre Comercio) o las restricciones en los ámbitos educativos y laborales, o la luz verde a los denominados “municipios de la esperanza” -como si el resto estuviéramos desahuciados-, que por cierto ¿Dónde quedó la Ciudad de la Esperanza?, por ello debemos observar el desarrollo de la vida a partir de ahora y cada quien asumir la responsabilidad que le toca.

Es complejo, puesto que no se han practicado suficientes pruebas para saber con exactitud en qué condiciones se propone el regreso a lo “normal”, pero eso sí, se ha trabajado en modelos matemáticos con la información del propio sistema de salud que, en honor a la verdad, reconoce no llevar un puntual registro de los contagios, por lo cual debemos mantener reservas en lo que se hará a partir de ahora, sobre todo por la existencia de casos asintomáticos que en sí mismos pueden ser portadores del virus.

En este gobierno ha sido público el descuido y el desprecio que se tiene al sector salud, con esas políticas públicas que, en nombre de la austeridad, han deteriorado rápidamente la calidad de la atención a enfermos, principalmente porque se ha hecho una constante reducción presupuestal. Cierto es que al momento de la aprobación del presupuesto 2020, en el apartado de egresos, nadie contemplaba el peligroso brote del Coronavirus.

Sin embargo, en diciembre ya se contaba con información fidedigna para reorientar el gasto público y medir las condiciones de salud de la población ante la posible pandemia, para ponderar el valor y costo entre las y los mexicanos infectados y los sanos.

Bajo estas condiciones, desde ya se debe trabajar en un presupuesto que contemple la generación de condiciones públicas que garanticen la sanidad y seguridad de los habitantes, que va desde la aportación gubernamental de elementos básicos de protección, como son gel antibacterial, cubrebocas, sanitización permanente, entre otras. Lo que sí es un hecho es la urgencia de implementar estrategias para controlar y, en la medida de lo posible, disminuir los riesgos de contagio.

Diría un tío que “las condiciones de convivencia cambiaron”, en tanto no se encuentre una vacuna y los humanos no generemos las defensas corporales suficientes para defendernos; la naturaleza del virus obliga a replanteamientos individuales y colectivos.

Los hábitos se modificarán en la casa, la escuela, el trabajo, el transporte, los lugares de entretenimiento. “Susana Distancia” será compañera permanente en cualquier espacio público o privado.

Derivado de ello, en el Congreso de la Unión se tendrán que contemplar modificaciones a los marcos normativos que rigen en los procesos productivos y de servicios de salud. Por ejemplo, definir con claridad los alcances del teletrabajo, los derechos laborales o garantizar los servicios médicos a distancia, con mayor cobertura y eficacia en los tiempos de atención.

A partir del primero de junio, seremos partícipes de la nueva realidad nacional y atenderemos las disposiciones de los semáforos de la salud, tendremos que parlar desde el Congreso sobre esta “nueva normalidad”.

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